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lunes, 10 de diciembre de 2012

Guionista friki de anuncio

Momentazo friki. Atentos al segundo 0:07 del vídeo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Semana negra

Gracias por Mi querida Señorita. Gracias por Cómo están ustedes. Gracias por enseñarnos a comer una manzana.


sábado, 20 de octubre de 2012

Los 80

Hay muchos mensajes por ahí hablando de los 80. Son muy típicos y previsibles: que si podíamos jugar en la calle, que si sólo había dos canales, que si somos la última generación que conoció las cintas de casete, que si conocimos el Spectrum y el Commodore...

Yo crecí en los ochenta, y no es nada de todo eso lo que echo de menos en los niños que crecen hoy.

En los ochenta respetábamos a nuestros padres, a nuestros profesores, y a todas las personas mayores. Si una persona mayor te decía que hicieras algo lo hacías y punto. Si tus padres te castigaban, estabas castigado y punto. Y si alcanzabas zapatilla o cinturón sabías que te lo merecías: ni pensar en denunciar a tus padres al juez de menores.

Nosotros aprendimos a calcular de cabeza, a hacer raíces cuadradas aún en la EGB y a resolver ecuaciones. Hoy dile a una cajera dieciochoañera del supermercado que te de las vueltas sin usar la caja: puedes esperar sentado.

Nosotros aprendimos a leer y a escribir, y a entender lo que leíamos: teníamos que comentarlo y discutirlo. Dile a cualquier universitario de hoy en día que si sabe por qué España está precisamente como está en esta crisis: no sabrá ni entender la pregunta.

Nosotros recibíamos, con suerte, tres o cuatro juguetes por Reyes y una paga de veinte duros. Mira a ver si hay un niño de hoy en día que se conforme con menos de veinte euros a la semana (por cierto, para los que lean esto y no sean de la EGB, veinte euros son más de tres mil pesetas) y la XBox, la Nintendo o la Playstation. Por eso nosotros aprendimos a controlar los gastos, sin renunciar a un capricho de vez en cuando, mientras que ves cómo a otros se les va el dinero de las manos. Sabemos que las cosas cuestan, y trabajamos, en vez de esperar a que papá (o papá Estado) nos lo pague todo.

Claro que el mérito no es solamente nuestro: han cambiado muchas cosas. Nuestros padres nos criaron de esa manera y los padres (y los maestros) de hoy no lo hacen. Nosotros somos del momento en que España empezaba a ser un país europeo, y los niños de hoy han crecido creyendo que España va bien.

Así que no: lo que nos diferencia, lo que nos hace especiales no es el Delórean, ni Kiss, ni Parchís, ni Sabrina, ni el Bic naranja, ni jugar en la calle, ni las cintas de casete. No somos la generación de las hombreras, ni la ropa hortera, ni la tele en dos canales.

Somos la última generación que sabe lo que es el respeto.

Pero sí es verdad que nos lo pasamos bien.

Gracias.

sábado, 6 de octubre de 2012

Master of Orion

Los 4,72€ mejor invertidos de, por lo menos, este año: Una copia, sin DRM ni zarandajas, perfectamente ejecutable, del mítico juego 4X (el gran 4X, el primer y mejor 4X): Master of Orion.

GOG.com es un sitio en el que uno puede descargarse juegos míticos, legalmente, y literalmente tirados por los suelos de precio. Una auténtica bendición para los que crecimos en los ochenta y vivimos los noventa.

Se trata de un auténtico juego de exploración, expansión, explotación de recursos y exterminación del enemigo. Había que investigar, hacer alianzas diplomáticas, diseñar naves, ganar combates espaciales e invasiones terrestres, colonizar planetas, espiar y traicionar, comerciar e intercambiar tecnologías. Les dejo un botón de muestra:

viernes, 17 de agosto de 2012

Seguridad Social

Ayer el médico de cabecera en el Centro de Salud me mandó urgente a cirujano. Hoy fui al Centro de Especialidades y no había cirujano, ni cirujano de guardia, ni San Cirujano que valga. Tuve que ir a Urgencias del Hospital.

Así va la Seguridad Social.

viernes, 10 de agosto de 2012

El experimento de la rana

Uno de los experimentos clásicos de los laboratorios es el de la rana. Si se pone una rana en agua hirviendo, la rana saltará fuera inmediatamente. En cambio, si se pone una rana en agua fría y se calienta lentamente, la rana se quedará tranquilamente en el agua, hasta que se guise en el agua hirviendo.

Con esta crisis, nosotros somos la rana, y las medidas de este Gobierno, los requerimientos de Europa y la "ortodoxia" de Alemania son el fuego. Y estamos cada vez más cerca de hervir.

Alemania tiene un miedo cerval a la inflación, insertado en sus genes tras la insufrible depreciación del viejo marco tras la primera guerra mundial, cuando los billetes impresos con cifras millonarias se llevaban en carretillas para poder pagar el pan, y los fajos de billetes se entregaban a los niños como juguete. De aquella época viene el actual inmovilismo germano, que está causando más mal que bien al impedir al banco emisor acudir al rescate de la economía real por el medio de emitir dinero.

Imprimir dinero y comprar deuda pública de los países en dificultades tendría varios efectos. El primero, terminar casi inmediatamente y por completo con los problemas de financiación de países como España. Eso pemitiría a los Gobiernos reactivar la economía. En resumen, más empleo. El segundo, una bajada del valor del dinero, lo que significaría un aumento de precios, la inflación tan temida por Alemania. Aunque sin duda es mejor que haya más gente trabajando y pudiendo comprar menos cosas que la situación actual en la que cada vez menos gente trabaja y consume. Lo primero crearía un círculo virtuoso de mejora económica y social, al asumible coste de un alza de los precios que de todos modos sería moderado. Lo segundo es el actual círculo vicioso de pérdida de empleo, empobrecimiento y ajustes del gasto público por el descenso de ingresos.

El tercer efecto de imprimir dinero y comprar deuda pública es la excusa de Alemania: resolver los problemas de los países por esa vía les evitaría a estos completar los ajustes que su ortodoxia exige y que están hundiéndonos a todos.

Yo, la verdad, prefiero la opción de que haya más trabajo, mayores precios, más gasto público y mejor financiación del Estado. Y los alemanes, que se aguanten, que tampoco pagan ellos.

Eso sí. Las reformas hay que acabarlas, pero por el bien social, no por el de los mercados.