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martes, 6 de abril de 2010

Furia de Titanes 3D. ¿Triple estafa?


Ayer vi (por invitación, que conste) Furia de Titanes en 3D.

El segundo fallo fue ir a un cine en el que el efecto 3D se consigue por colores: ya saben, esas gafas con un cristal verde y otro rojo. Es verdad que la técnica ha avanzado mucho, y que ambos cristales son casi (repito: casi) transparentes y que casi (repito otra vez: casi) no se degrada la (poca) cromaticidad de la película, pero no deja de ser rojo y verde.

El tercer fallo fue ir a una sesión llena de gente, con todo el ruido de cotufas, sorbidos de refrescos y conversaciones estúpidas que ello trae consigo.

La película en sí misma tiene sus cosas. Por una parte, el guiño a la película original de 1981 de mostrar el búho de Atenea. Está claro que la intención de los productores de esta película coincide con la actitud de sus personajes: la sabiduría y el conocimiento no sirven para nada. Por otra parte, los paisajes de Canarias, sobre todo de Las Cañadas (con una escena en la que se ve más que claramente el majestuoso Teide como fondo) y Timanfaya pueden resultar un poco chocantes para quien los conoce, pero eso no es una crítica que vaya a valer a la mayoría de los espectadores.

El efecto de la brillante armadura de Zeus (Liam Neeson) y otros olímpicos es algo que ya se vio en Excalibur (también de 1981, y también, casualidad, con Liam Neeson, esta vez como secundario), mientras que el efecto de las alas de sombra de Hades (Ralph Fiennes), más logrado, tiene también un sabor a conocido que no acabo de identificar.

Los personajes me han parecido poco trabajados. La personalidad de Perseo es demasiado simple, la de Zeus es contradictoria, a pesar de las explicaciones finales, Ío simplemente no tiene personalidad propia, y de otros como Cefeo, Andrómeda o Casiopea mejor ni hablar. Los que se salvan por los pelos (de una rana calva) son, quizá, Hades y Draco (a quien Mads Mikkelsen da vida).

En cuanto al propio efecto de tridimensionalidad, existe. Para ser justos, es claramente visible. Otra cosa es que sea acertado: las escenas de acción en si mismas pueden causar dolor de cabeza por lo rápido de los movimientos, así que si a eso le añadimos un volumen artificial (porque la película no fue rodada en tres dimensiones, sino que el efecto se añadió a posteriori mediante ordenadores) hecho «deprisa y corriendo» y con las figuras fuera de plano desenfocadas, el resultado es un auténtico potaje y una receta para comprar aspirinas.

El guión, por si solo, no es malo del todo: chico pierde a su familia en una guerra que no es la suya, chico se mete en la guerra para vengarse, chico alcanza la victoria después de unas cuantas penalidades y perder a todo su equipo, chico obtiene a la chica como recompensa. Simple, pero efectivo. Claro que un guión así puede convertirse en una buena película o una mala, dependiendo de la calidad del director y de los actores, y de las ganas que se pongan en ello. De esta, yo solamente salvo con nota la fotografía (la poca que hay).

¿Empecé el artículo con el segundo fallo? Aquí va el primero: ir a verla y recompensar a la productora por semejante piedra con el precio de una entrada 3D, aunque sea por invitación.

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