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lunes, 3 de septiembre de 2007

Oye qué cosa el café

Hay sitios donde no saben servir un buen café. De ninguna de las maneras.

La manera más sencilla es el simple y clásico café sólo, o negro. Hay sitios donde hacen una colada casi perfecta, y otros donde dejan colar más de la cuenta, y el café queda aguado. Y antes de servirlo tiran la mitad de lo colado, creyendo que lo arreglan.

No señor. Si lo ha hecho usted mal, lo repite, y punto. Y si se lo pido doble, no quiero decir el doble de agua en la colada, quiero decir que haga dos coladas en la misma taza, o en su defecto una con doble carga.

Y me lo sirve usted en una taza de porcelana. ¿Me oye?

También existe el cortado. Como el café solo, pero con leche. Servido en un vasito corto, y más o menos la misma cantidad de leche que de café, salvo que lo pidan corto, o largo (corto de café, o largo de café).

El siguiente en tamaño es el rey de la creación. El insuperable invento del barraquito.

El barraquito bien hecho comienza con la elección del vaso. El vaso de barraquito es alto, sin llegar a ser un vaso de tubo, aproximadamente del doble de altura que el vaso de cortado, sin llegar a la capacidad de una taza grande. Debe, también, ser casi recto, aunque se abre poco a poco, y sin adornos, completamente liso.

Punto indispensable en el barraquito es poner en el fondo del vaso un dedo o dedo y medio de leche condensada, maravilloso producto que fue la alimentación base, junto a la leche en polvo, de muchos niños canarios durante la posguerra. Tan indispensable es, que en más sitios de lo que es sano entienden por barraquito simplemente un cortado que tenga leche condensada.

No señor. Si quiero un cortado con leche condensada, lo pido por su nombre: un leche y leche.

Como hablamos de café, pues evidentemente el segundo paso del barraquito es el café. Una colada semejante a la de un café sólo o a la de un cortado, pero quizá un poco más larga.

Tercer elemento conformante del barraquito es la leche, bien calentada al vapor hasta hervirla, pero sin aguarla. Y ojo, que no es fácil de hacer.

Para nota, la espuma. Los buenos camareros cuando calientan la leche para el barraquito hacen una cantidad respetable de espuma en la jarra de la leche, espuma que debe servirse en el vaso, desde la propia jarra, sin necesidad de cucharilla si uno es un profesional de detrás de la barra.

Como comenté arriba, esto es lo que sirven por barraquito, o mejor dicho estafan por tal, en más sitios de la cuenta. Sin embargo, faltan aún ingredientes en la receta. Uno de ellos es un poco de canela en polvo, espolvoreada sobre la espuma de leche justo antes de servir. Otro es un trozo de corteza de limón, que junto a la canela y la leche condensada dan al sagrado barraquito un sabor inconfundible, inigualable, un perfecto sabor a Canarias, en particular a Tenerife.

El último ingrediente, discutible por lo que tiene de alcohólico, es un ligero toque de licor de canela, licor 43 o algún otro licor semejante. Apenas un toque, que basta para conformar el barraquito bautizado, que es norma en algunos sitios, salvo que se pida expresamente sin acristianar, siendo que en otros sitios el estándar es el barraquito sin licor, debiendo pedirse el bautizo expresamente.

Nota de sobresaliente, en algunos camareros, es añadir al brebaje un grano de café sin moler, aunque no con ello se pueda convertir en aceptable un barraquito sin la canela o el limón, o en bueno uno sin espuma.

El barraquito, y el café en general, son parte importante de la vida de Tenerife. Los funcionarios no hacen la pausa del café, hacen la del barraquito. Los tinerfeños no se distinguen en Gran Canaria por pedir el agua del tiempo, sino por pedir un barraquito. Los turistas con más de medio dedo de frente (ese medio dedo que se necesita para tostarse, vuelta y vira, al sol de día y emborracharse de noche) no se van con el sabor del plátano en la garganta y en la memoria, sino con el del barraquito.

Tan importante es el café que uno de los grupos de la movida canaria, por darle un nombre, le dedicó una de sus canciones.

Gracias, Palmera, por tus discos, y por esta canción:

Sí, los párpados me llevan a dormir.
Las manos no soportan el bolígrafo, tengo que seguir.
Sí, el sueño está empezándome a llegar.
Alguna cosa fuerte me voy a tomar, no puedo parar.

Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.
Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.

Sí, los dedos no me dejan escribir.
El cuerpo no me aguanta ni un asalto más, tengo que seguir.
Sí, la vista se me nubla sin cesar.
Alguna cosa fuerte me voy a tomar, no puedo parar.

Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.
Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.

Sí, el tiempo va pasando sin durar.
Las horas de la noche quiero aprovechar, no puedo parar.

Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.
Oye qué cosa el café, que me pone bien,
que me quita todo el sueño, que me deja como
nuevo otra vez.

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