Bajar a la lista de etiquetas (categorías de artículos)

lunes, 18 de mayo de 2009

Vuelve el rugby


La semana pasada empecé de nuevo a entrenar al rugby. He tenido la suerte de encontrar un equipo al que unirme, aunque la temporada ya esté acabada y la siguiente empiece en septiembre. Por lo menos podré coger poco a poco otra vez la forma física que tenía cuando jugaba en Canarias.

El rugby es uno de los deportes más bonitos que existen. Es necesaria una cierta fuerza física y bastante fondo para practicarlo, pero, al contrario de lo que la gente suele opinar, no es necesaria una gran corpulencia ni una fuerza muy elevada. Pero no son sus espectaculares choques atléticos lo que lo hacen interesante, sino su particular modo de juego (el balón solamente se puede pasar hacia detrás) y, sobre todo, el enorme compañerismo que existe entre los jugadores. Antes de empezar o después de acabar un partido, los jugadores de rugby no entendemos de equipos contrarios: todos los jugadores somos del mismo grupo y, por supuesto, nos llevamos bien (o tan bien como es posible entre seres humanos). De hecho, la tradición manda que al acabar cada encuentro los jugadores se vayan juntos a un bar, a tomar cervezas, fraternal momento en que los posibles malos lances que hayan ocurrido durante el recién finalizado partido se solucionan y se echan pelillos a la mar.

Este comportamiento, junto con un absoluto respeto al árbitro, deja al rugby enormemente por encima de los deportes de equipo que los medios de comunicación de masas nos meten por los ojos. Es, realmente, el deporte que recomendaría a cualquier padre para apuntar a su hijo. Y, por qué no, también a su hija, ya que también juegan mujeres, en las mismas condiciones que los hombres.

Lo dicho, me encanta el rugby, su respeto, y su juego limpio. Todos los que entramos al campo sabemos que si tenemos que pisar una cabeza la pisaremos, y que si recibimos un pisotón nos quedaremos con él, precisamente porque sabemos que ningún lance del juego se hace con mala intención, y que si alguien tiene la mala idea de, por ejemplo, poner una zancadilla o hacer una corbata voluntariamente a un jugador del otro equipo su conducta le va a ser afeada por sus propios compañeros antes incluso que por los contrincantes.

Un deporte jugado por caballeros.

Publicar un comentario