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miércoles, 19 de agosto de 2009

Diseño erróneo

Los que me conocen saben que muchas veces me duele la cabeza. Y en ocasiones pienso a qué puede deberse. Otras veces simplemente lo ignoro o me meto un chute de AAS.

Una vez leí, no me acuerdo dónde, que el cerebro, como todo buen ordenador, debe refrigerarse. Y por ello tenemos en nuestro cráneo un conjunto de venas dedicadas específicamente a ello. Ese sistema vascular refrigerante es, justamente, lo que nos ha dado la capacidad de pensar continuamente sin que se nos fría el cerebro, y posiblemente sea nuestra ventaja sobre el hombre de Neanderthal, la que nos permitió evolucionar y sobrevivir mientras él se extinguía, a pesar de que su capacidad craneal fuera igual o incluso superior a la nuestra.

Pero cuando pensamos mucho nos duele la cabeza. Y los fármacos que tomamos son, precisamente, antiinflamatorios. Es decir, cuando nuestro ordenador trabaja de más, se recalienta. Como los de silicio.

¿Por qué a veces me duele la cabeza tanto, y más aún si sigo viendo la televisión, o leyendo, o trabajando, o pensando?

Quizá es que estoy mal diseñado. O que todos lo estamos, aún.

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