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viernes, 25 de abril de 2008

Programar de noche

Alguna razón habrá. Son las ocho de la mañana y estoy en el despacho. Ahora escribiendo en esta bitácora, pero hasta hace un momento programando y probando, toda la noche sin dormir.

¿Por qué será? Me resulta agradable programar de noche. Puedo poner la música alta (en el despacho), y también de día (en casa). No puedo salirme a tomar un café (salvo a la máquina dispensadora). No puedo preguntarle a nadie si tengo una duda puntual. No es más cómodo de ninguna manera no dormir.

Y sin embargo, me resulta agradable programar de noche. Mucho más que de día. Y me encuentro más productivo, a pesar del sueño que se me viene encima de madrugada. ¿La prueba? Acabo de acabar y probar un programa que uno de mis tutores decía que es imposible realizar en una semana. Y sin dedicarle casi tiempo, aparte de los dos últimos días, lo he hecho en una semana (y media).

Y lo mejor es que funciona.

martes, 19 de febrero de 2008

El Valenciano

Antes de que ningún valenciano me lo diga, sí, soy de fuera. Soy un inmigrante en esta tierra. No un inmigrante extranjero, sino un inmigrante interior, pero un recién llegado en cualquier caso. Y aunque puedan pensar que por ello no tengo derecho a opinar en este tema, es más bien al contrario. Tengo derecho a opinar porque me afecta, porque yo tengo que ver los anuncios públicos y ser atendido en las tiendas, y el idioma en que tenga que hacerlo me afecta. Y además, precisamente por ser un recién llegado vengo con opiniones frescas, no enquistadas por siglos de discusión, al tiempo que ya llevo aquí lo suficiente para permitirme opinar con conocimiento de causa.

Por otro lado, para beneficio de quien no entienda el problema, diré que en Valencia se hablan dos idiomas. Uno, habitualmente conocido como 'castellano', y nombrado en otros lares como 'español', es el idioma oficial de España (y de otros países en América y África, y pronto de nuevo en Asia). Otro, nombrado por aquí como 'valenciano' y conocido académicamente como 'catalán', es el idioma oficial de Andorra, y es cooficial con el castellano aquí en Valencia y en otras tierras españolas. Viene parte del problema de que durante la dictadura de mediados del siglo pasado el Gobierno trató de imponer el castellano como lengua única de España (y no fue el primer intento, ni será el último), lo que evidentemente provocó un movimiento de reacción, en parte identitario, en parte político, que lleva a la situación actual tras la Transición y las reiteradas concesiones de los distintos gobiernos centrales de España a sus socios nacionalistas a los que necesitaban para gobernar.

Hoy, en el movimiento general de rejuvenecido fraccionamiento étnico-político de Europa, el mismo que ha llevado a dos Guerras Mundiales, los grupos nacionalistas de las regiones de España en que se habla más de un idioma (gallego, vascuence o catalán) esgrimen el idioma como una causa más de división, tratando de imponer "su" lengua por encima de la de todos.

Así, cuando viajé a Barcelona (Cataluña) en el pasado me encontré en el extranjero, estando en mi propio país.

Hoy, aquí en Valencia, la experiencia que tengo es completamente distinta. Los carteles oficiales suelen estar en los dos idiomas, la gente de la calle utiliza tanto un idioma como el otro, y los que tienen como idioma materno el valenciano tienen la buena educación de cambiar al castellano cuando hablan con alguien que no lo entiende.

No me sienta mal, no me puede sentar mal, que me saluden "Bon dia" cuando entro a una tienda. Me acontecía en Barcelona y me ocurre en Valencia. Sin embargo en Barcelona algunos dependientes se empeñaban en seguir hablándome en catalán cuando yo les contestaba "Buenos días", cosa que nunca he sufrido aquí en Valencia.

Como notable ejemplo de la buena educación valenciana con respecto al idioma, que deberían aprender al otro lado del Ebro, está el caso de dos de mis asignaturas, impartidas en valenciano. En ellas, los profesores hablaban regularmente en el idioma vehicular de la asignatura, el valenciano. Pero conscientes de que tenían alumnos de toda España, que no tenemos la obligación de conocer el idioma, preguntaban de vez en cuando si lo entendíamos todo. Y aún más, si uno de nosotros hacía una pregunta, evidentemente en castellano, la contestaban en castellano, volviendo al valenciano sólo (y automáticamente) cuando retomaban el hilo de la clase.

jueves, 3 de enero de 2008

Papel de regalo

Acabo de envolver algunas cositas que he comprado últimamente.

En papel de regalo rosado y amarillo. Obviamente, no lo elegí yo. Hubiera elegido el azul, pero éste es el que había.

Las buenas costumbres dicen que los regalos de Reyes hay que comprarlos bastante antes de navidades, por varios motivos. Para evitar acumular todas las compras en el mismo mes, para evitar las alzas de precios, para evitar las multitudes en las tiendas donde se va a comprar, y para tener la cabeza más clara a la hora de elegir.

Este año no he podido hacerlo, ya que la mudanza a Valencia, que los (pocos) que me lean ya conocerán, me ha dejado poco tiempo para ello. Y además, poco dinero.

Sí, es así de triste: para cumplir con la tradición de regalar algo a los familiares, hay que tener dinero para comprarlo. Pocos, muy pocos son los que pueden regalar objetos hechos con sus propias manos, y lamento no estar en ese grupo. Pero puedo presumir de no estar en el grupo de los que comprar por comprar. Incluso con las prisas, he elegido, y comprado, cosas útiles a mis seres queridos.

Y he hecho lo mismo con lo que he pedido. La carta que escribí a SS. MM. los Reyes Magos, evidentemente, no es la que publiqué en esta bitácora, pero se le parece bastante, incluyendo varios objetos que necesito, y pocas cosas por gusto.

Lamentablemente, esto no es la norma. Paseando por los centros comerciales vi una masa descerebrada de los que normalmente considero mis congéneres comprando cosas simplemente porque "está barato", porque "me gusta, así que le va a gustar" o porque "tengo que comprarle algo". Consumir por consumir, sin medida y sin buen gusto, comprando cosas sólo porque están en el montón grande que el centro comercial de turno pone en el centro del pasillo.

Somos una sociedad civilizada. ¿Podemos decir que somos una sociedad avanzada?

lunes, 17 de diciembre de 2007

Carta a SS. MM.

Estimados monarcas de países que hoy no son monarquías:

Es un placer, un año más, escribirles y hacerles llegar esta misiva a un indio, un nubio y un sirio como SS. MM., con la esperanza de que las actuales tecnologías, que todas han sido nuevas en algún momento, permitan que llegue a destino sin parar en barras, que son en este caso fronteras y huelgas de Correos.

Visto que estamos en año electoral, lo primero que pediré a SS. MM. es un poco del menos común de los sentidos para los españoles, y que consigan con los votos de todos que alguien gane las elecciones. Porque como ocurra como la última vez, que el que está no las ganó sino que el que estaba las perdió, quien sabe lo que será de este país en el que los socialistas mantienen el Canon digital y los populares votan en su contra.

También por pedir, y también para mí pero para todos, un poco de lo mismo para otros que están a punto de votar, allá en el Imperio, que frente a lo que tienen ahora van a tener que elegir a una mujer o un negro, y puede que por no hacerlo se queden con lo que tienen, que ya bastante malo es. Espero que SS. MM. no se atraganten, como él, con las galletas que les dejaré la noche de la víspera de Epifanía.

Más lejos de mi árbol, pidan SS. MM. en mi nombre al niño que haga reconsiderar a Su vicario en la Tierra la reciente Spe salvi, o más bien, siendo que el texto es ciertamente erudito, razonado y coherente, que le haga reconsiderar las bases de pensamiento sobre las que la encíclica está tan armoniosamente construida. Igualmente pido a SS. MM., como al comienzo de esta electrónica misiva, un poco de seso, y que no sea en sopa, para los que han de regir nuestros destinos, desde el munícipe hasta el Emperador.

Afectuosamente me despido, este año de separación familiar tanto o más que los anteriores, y espero que menos que los por venir, que sean muchos y buenos, de SS. MM. recordándoles que, como siempre, mis zapatos serán los menos betunados que encuentren bajo el árbol.

S. S. S.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Días de clases y fútbol

Cuando llegué a Valencia no sabía en qué iba a consistir mi vida. Hoy ya puedo decir que de clases y fútbol.

Clases.

Hace seis años que no tenía clases. Las había dejado atrás cuando hice quinto de carrera. Ahora resulta que soy todo un Licenciado, y me ponen clases, en un Máster.

¿A dónde va a ir a parar la educación universitaria en éste país? No es ya que los alumnos lleguen a primero de carrera sin saber sumar fracciones. Que ya es algo que tiene delito. No hablo de que si les piden que dibujen las fuerzas que actúan sobre un proyectil en vuelo no lo hagan bien. Que por cierto, para los que duden, sólo hay una, el peso. No me refiero a que no tengan ni idea de quién fue el Conde-Duque de Olivares. O Godoy. No me refiero a que para ellos Pérez Galdós sea una calle o Don Juan de Austria un centro comercial.

Me refiero a que no sólo es malo el nivel de entrada de los alumnos, sino a que el nivel de exigencia de los profesores es pésimo también. Un alumno no debería aprobar Mecánica Cuántica sin saber qué significa la Ecuación de Schrödinger. No me refiero a saberse la ecuación (que algunos tampoco se la saben) sino a comprenderla. No entiendo cómo sacan la carrera de Derecho personas con faltas de ortografía, cómo se licencian en Matemáticas personas incapaces de comprender el grado de fiabilidad de una encuesta ni cómo sacan Física personas que nunca supieron resolver problemas de estabilidad.

Y peor, esa mediocridad la pagamos todos. El nivel general de cultura general, valga la redundancia, de los universitarios desciende año tras año. Y luego son esos universitarios los que darán clase a los niños de mañana.

Y peor, tenemos en España la costumbre de que el que no vale, a Magisterio. Quien no es capaz de sacar una Licenciatura completa, se cambia de carrera a la Diplomatura de Magisterio, que "es más fácil". Y no debería serlo.

Magisterio debería ser la carrera más exigente de todas, quizá incluso más que Medicina. No olvidemos que son los maestros los que formarán (y no me refiero sólo a dar conocimientos) a todos los que serán adultos dentro de un par de generaciones. Ahí tenemos los ejemplos de los países nórdicos, donde el nivel de los alumnos en el informe PISA sube año tras año. Allí los profesores están motivados, bien pagados y respetados por los padres. Pero, sobre todo, bien formados. Son los mejores alumnos de cada promoción en los institutos los que son seleccionados para estudiar Magisterio.

Menos mal que en éste país nos queda el fútbol. Me voy al partido.

Por cierto, un partido de Becarios de Investigación. Compartimos varias cosas aparte del balón: no se nos considera trabajadores (no cotizamos), no tenemos seguro de qué vamos a comer el año que viene, y producimos la ciencia y la tecnología punteras de España.

Quizá algunos de nosotros deberíamos haber sido profesores, en vez de nuestros compañeros que abandonaron las carreras que nosotros acabamos para hacer Magisterio.

viernes, 26 de octubre de 2007

Bitácora peninsular desde Canarias

Si siguen habitualmente (creo que no hay nadie que lo haga) esta bitácora habrán notado que hay un enlace nuevo a la derecha. La Bitácora de Agnes.

Como dice el título, se trata de la bitácora de una peninsular que vive en Canarias. Igual que yo soy un canario que vive en la península.

Ambos notamos cosas raras. Ella se queja de que en Canarias no encontró "patatas" ni "autobuses", yo me quejo de que aquí no puedo pedir "papas" ni volar en "guagua". Ella comenta la existencia del Clipper de fresa, yo lo añoro. Ella comenta lo que le costó distinguir bubangos de calabacines, y yo aquí sólo me encuentro unas cosas que parecen pepinos.

Ella dedica una buena parte de su primera entrada a la manera de conducir de los tinerfeños. Se estresa, porque allá vamos despacio. Yo me estreso, porque aquí no hay manera de estar tranquilo, todo va a toda velocidad.

Sin embargo, algo habrá por lo que ella se fue allá y algo habrá por lo que yo he venido aquí.

¿No?

lunes, 22 de octubre de 2007

Historias de Valencia

Sí, sigo aquí, no he desaparecido.

Simplemente no tenía conectividad con Internet en el piso de estudiantes en el que vivo (la "Pequeña ONU", al decir de mi padre), hasta ahora mismo. Y la que tengo en el despacho la empleo (evidentemente) para otras cosas.

Aquí hay de todo, como en todas partes. Pero donde quiera que uno vaya, si quiere, puede adaptarse. Yo ya he encontrado una farmacia a la que ir, cuatro supermercados de cadenas distintas y un bar. Ah, y un Döner Kebab.

Y también tengo cerca una ferretería y un par de sucursales bancarias.

Ya lo tengo todo. Bueno, todo no. Hay algo que dejé en Canarias y que aquí no he encontrado ni voy a encontrar, a no ser que venga en avión.