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miércoles, 21 de mayo de 2008

Hacienda

Acabo de recibir el dinero de la devolución de la famosa Declaración de la Renta, tan famosa como infame. A veces llamada <<la renta>>, a veces <<la declaración de Hacienda>>, llamada por algunos <<el IRPF>> para hacerse los interesantes, pero siempre obligatoria para todos, con las excepciones previstas en la Ley.

Siempre es un placer que a uno le devuelvan dinero. En particular si no es cambio de un producto defectuoso. Pero a lo que quiero referirme hoy es a los intereses generados por ese dinero.

Durante todo 2007 el Estado ha estado (valga la cacofonía) recibiendo dinero por mi trabajo. Las conocidas retenciones. Se trata, quizá, de uno de los impuestos directos más justos: va por porcentaje. Cuanto más cobras, más se te retiene. Y además, cuanto más cobras, más alto es el porcentaje. Y tu pagador entrega el dinero directamente al Estado por ti. No tienes que preocuparte de pagar el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, es decir, impuesto sobre salarios y similares) cada mes.

Pero quizá el empresario que te paga ha calculado mal lo que te tiene que retener, y te ha retenido de más o de menos. Además, no tiene por qué saber si tienes otras fuentes de ingreso como acciones, otro trabajo, alquileres que cobras... y tampoco tiene por qué saber si pagas hipoteca o alquiler, si tienes hijos u otros familiares a tu cargo, ni muchas otras circunstancias personales que quien te paga no tiene por qué conocer. Y que con una interpretación un poco estricta de la intimidad, no debe conocer.

Llegamos por tanto a la conclusión de que es prácticamente imposible que el Estado haya recibido durante 2007, de mis pagadores, la cantidad exacta de dinero que debería haber recibido.

Es para paliar ese desajuste entre lo que he pagado y lo que debería haber pagado por lo que hay que presentar la Declaración de la Renta. Es cuando yo declaro cuando el Estado sabe exactamente lo que debería haber recibido de mí (en realidad, de mis pagadores). Y como lo que ha recibido (en doce mensualidades) es otra cantidad distinta, o bien el Estado tiene que abonarme la diferencia, o bien yo tengo que abonársela a él. Bueno, a todos, que <<Hacienda somos todos>>, se dice. Esa diferencia es lo que en estas épocas del año todos pagamos o recibimos como <<devolución>>.

Y ahí viene el problema que quiero traer a colación: <<...en estas épocas del año...>>.

Dado que el Estado me devuelve lo que me ha cobrado de más (este año, ya que el año pasado tuve incluso que pedir un crédito para pagar la liquidación), resulta que recibo en mayo de 2008 un dinero que no se me tenía que haber cobrado durante los doce meses de 2007.

Salgo perdiendo.

Es así de simple: si la declaración te sale a devolver, cuando recibes el pago has salido perdiendo dinero. A la vez, si te sale a pagar, has salido ganando (aunque a muchos les cueste creerlo). Y el truco está en los intereses.

Mírenlo de esta manera: supongan que el dinero que el Estado me ha cobrado de más cada mes de 2007 mis pagadores (se incluyen hasta las retenciones sobre intereses de las cuentas corrientes, por eso siempre es plural) lo hubieran ido metiendo en un fondo, a plazo fijo, hasta ahora. Yo hubiera dispuesto cada mes del mismo dinero que el que he tenido en realidad, y ahora en mayo de 2008 hubiera recibido dinero igual por la diferencia entre lo que se me retiene y lo que se me debía retener.

Pero con la idea del fondo, ahora en mayo hubiera recibido, además, los intereses de ese dinero. Es por eso por lo que he salido perdiendo: he perdido esos intereses.

Claro que, aparte de hacer más complicada la gestión de los impuestos, pagarme a mí esos intereses implicaría cobrarle los intereses a quienes pagan sus impuestos ahora en vez de haberlos pagado durante todo el año pasado. E igual ellos no están de acuerdo.

¿Merecería la pena? Eso, amable lector, lo dejo a tu discreción.

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