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sábado, 3 de mayo de 2008

Viejos musicales

Acabo de volver a ver una película que hace mucho que no veía. Para variar, un musical. Son pocas las películas que reveo varias veces, y casi todas aquellas de las que lo hago por voluntad propia y no por la de los diseñadores de parrillas televisivas son musicales. Algo tendrán...
Para empezar, cuentan una historia. Y eso justamente, una historia, un guión, es de lo que carece la mayor parte del cine que llega hoy en día a los circuitos comerciales.
Para continuar, cuentan con una banda sonora envidiable. En la mayoría de las películas, la banda sonora es puro apoyo. Nadie la recuerda. Todo conocemos el tema de "La muerte tenía un precio", o el de "Supermán". Los frikis reconocemos a Basil Poledouris como el autor de la banda sonora de "Conan el bárbaro", y los aficionados a Evangelos Odysseas Papathanassioou (éste, griego del todo) sabemos que compuso la banda sonora de "Carros de fuego". Pero ¿alguien se acuerda de la banda sonora de "Éxodo"? ¿O de la de "La misión" sin oirla? ¿Hay alguien que reconozca, incluso oyéndola completa, la banda sonora de "Tora! Tora! Tora!" o la de "Lo que el viento se llevó"? Sin embargo, todos sabemos cantar "Supercalifragilisticoespialidoso" (aunque equivoquemos la palabra), coreamos "María" junto a Richard Beymer o "I feel pretty" con Natalie Wood, somos Olivia Newton-John o John Travolta cantando "You're The One That I want" o reconocemos, aunque no sepamos de qué, la canción "Aquarius" (que ya versionara en su día Raphael) cuando la oímos en el anuncio de cierta bebida.
Finalmente, el tercer gran punto de los musicales es que (salvo los de Disney) los vemos en versión original. Con subtítulos, sí, pero en versión original. Y se da cuenta uno de todo lo que pierden las películas dobladas. A pesar de la gran labor de algunos profesionales como Constantino Romero, las películas dobladas (y no digamos ya las series) pierden gran parte de su fuerza, aparte de que se pierde completamente el sonido ambiente.
(Adicionalmente, quienes gustan de aprender diálogos de sus películas favoritas tienen la ventaja, con los musicales, de hacerlo con música)
Y bien, como decía al principio, esta noche he revisto, revisitado y reescuchado una de las obras más conocidas del gran Andrew Lloyd Weber, con un magnífico (aunque algo exagerado) Carl Anderson en el papel protagonista y Ted Neeley dándole la réplica, con un bajo genial en Bob Bingham y una magnífica Yvonne Elliman (casi sobreactuada, pero solamente casi) en el único papel femenino de la cinta.
Y no es que Weber fuera machista, es la historia misma que se cuenta, aún con un estilo propio, la que no tiene papeles femeninos en absoluto. El rescate de María de Magdala por parte de Tim Rice refuerza enormemente el guión, y su intención de mostrarnos la última semana del judío más importate de la Historia desde un punto de vista diferente del que la jerarquía católica (y las de las demás grandes ramas del cristianismo) siempre han querido hacernos ver. En Jesucristo Superstar nos aparecen los puntos de vista de Iscariote, Caifás o Pilato y cómo trataban, cada uno, de actuar por el bien de su pueblo. Vemos a Iscariote como el seguidor más fiel del mensaje del Redentor, hasta el punto de poner las enseñanzas por encima del hombre. Vemos a Caifás preocupado no por su propio puesto sino por el bien del pueblo judío, ocupado por los romanos. Y vemos a Pilato preocupado por no condenar a un hombre inocente, pero sobre todo por evitar un motín popular, una rebelión judía en Jerusalén (rebelión que de todo modos Tito tuvo que calmar a sangre y fuego poco después).
Sí, lectores habituales (si es que tengo alguno), me gusta la Historia, y me gustan los musicales. La Historia tiene historias (tomando un préstamo de Carlos Fisas) que jamás podríamos imaginar, ni siquiera con la imaginación superior de un Director de Juego de Rol, y los musicales nos hacen sentir y vibrar como el resto de las películas jamás podrían.

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